Santo ateo

Hoy me siento filosófico.
Y es que tengo dos pasiones (entre muchas, no os penséis) sobre las que me encanta desbarrar: la Lingüística y la Filosofía. A Jezabel le aburren mucho, sobre todo una de ellas (a ver si adivináis cuál...). Esto no es un impedimento en nuestra relación. Después de todo, yo me horrorizo ante la alegría que ella demuestra al destripar ratoncillos de laboratorio...

Hoy me siento filosófico, decía, y es que esta mañana, durante la pausa del café, estuve leyendo el ABC (sí, soy un rojo-de-mierda, pero para informarme de lo que pasa leo de todas las fuentes que pueda). Y me encontré con que, en la contraportada, se le hacía una entrevista a Simon Critchley, un filósofo inglés que me gusta bastante. El tema es que este señor tan majo ha escrito un libro, El Libro de los Filósofos Muertos (si SS.MM. los Reyes Magos no saben qué traerme en sus alforjas, ya saben lo que me gustaría...), en el que narra las muertes de los grandes filósofos.
Y esto es lo que me sacó de la frustración laboral que llevo acumulada desde hace semanas (ya hablaré sobre ello en otro post) y me alegró el día.

Éste es David Hume:
Es el principal exponente de la corriente filosófica denominada Empirismo.
Yo, por si no lo sabíais, soy férreo seguidor suyo. Soy empirista a más no poder (éste tipillo moldeó mi pensamiento, pero el que me enseñó todo lo que sé fue otro, alguien al que le dedicaré una entrada en otro momento). Bueno, pues una de las tesis principales de ese señor, grosso modo, es que nada existe si no puede ser medido de forma perceptible, percibido por los sentidos. Una de sus más famosas alocuciones es su crítica al principio de causalidad: la causalidad sólo es válida si está cimentada por la experiencia. Dos hecho concatenados en el tiempo no implican una "causalidad", esto es, una "conexión necesaria". Sólo es cierto que existe una "sucesión" de hechos, ya que es lo único que percibimos con los sentidos. ¿De dónde viene la causalidad? De que la experiencia nos dice que el hecho "B" sigue al "A".

Esto quiere decir que Hume era escéptico. Sólo creía en lo que podía ver. Técnicamente, un científico debería dejarse guiar siempre por este pensamiento. Esto es una opinión que yo defiendo a ultranza, pero no, desgraciadamente a mi manera de entender, un axioma aceptado por la ciencia. Lo aclaro antes de que alguien me salte encima con que el científico no tiene por qué ser escéptico (creo que estará muy equivocado, y que le meterá una patada en los compañones al concepto de "ciencia", pero bueno...). Que para gustos, los colores. Eso sí, considero que cualquiera que se declare científico lea, al menos lea, las obras de Hume.

Bien. Pues este gran pensador estaba en su lecho de muerte. El tío tranquilo, convencido de sus ideas. Así que fue a verle un amigo, que no compartía sus opiniones, y la conversación fue:

-¿Y ni siquiera ahora crees posible la vida después de la muerte?
-También puede ser que lances un carbón al fuego y esperes que no arda.

.

5 errantes soñaron:

Jezabel dijo...

Supongo que yo no puedo participar en lo de cual de tus pasiones me aburre, ¿no?


¿Pero Hume no era el tipo ese de la Dragonlance que...? (Es brooooma:P)

Barbijaputa dijo...

Locke fue el crack que inspiró a Hume y a Kant y me enamoró a mí, aunque era feo hasta decir basta.

Radagast dijo...

Tienes razón, Barbija, vaya despiste. El primero fue Locke. Ahora voy y lo cambio.
De todas maneras, prefiero a Hume.

Jez... se te va.

tortuguita dijo...

Ale!!!! Y encima eres como yo, adoras a Hume!!!! Me caes bien.

Radagast dijo...

Gracias, Tortuguita.
Pasaréme yo por tu islote.